Hermoso ganador
En la previa de otro rito sagrado de Los Piojos en Cosquín Rock, el cantante admite que le va bien pero que no comulga “con la idea de ‘winner’”. Asegura no ser un déspota, y elogia a Maradona y Manu Chao.

Andrés Ciro Martínez, el carismático cantante de Los Piojos, surca las calles de Buenos Aires manejando una camioneta con todo lo necesario para sentirse aislado: vidrios polarizados, aire acondicionado y rock del bueno en el alta fidelidad. Pero el tema que suena remite a la batalla cotidiana que se libra afuera. Se trata de Winners & Loosers, del disco Blah Blah Blah, de Iggy Pop. “Wich one am I, is it the same under the sky?”, le canta al celular el líder piojoso en un inglés más que aceptable, luego de que se le consultara qué se siente él, ¿ganador o perdedor? “Me va bien y por eso no sería un perdedor. Pero en la vida no se puede asegurar nada. En algún momento fui un perdedor, pero de ahí saqué la fuerza para hacer lo que hice”.¿Y qué es lo que hizo este clase 1968 que lo vuelve tan especial? Fundó una banda de rock muy novedosa en su momento, al lograr un inimaginable cruce de rock & roll con música rioplatense. Vuelve Martínez: “Este es un buen momento, pero no idealizo el ser un winner. No comulgo, ni sentimental ni moralmente, con el hecho de ser un winner. Siempre me atrajeron los loosers… Es profundo el tema. Está el looser que se deja estar, que no luchó. Tampoco me identifico con él”.
“La canción de Iggy Pop dice ‘ganadores y perdedores, ¿cuál soy yo?, ¿es lo mismo bajo el cielo?’ Esa canción me inspiró la frase ‘Quién es el que gana, quién es el que pierde, en qué lugar estoy yo, si ganar no me convence’. Está en Quemado. Sólo quiero hacer lo que me gusta, y si me va bien, mejor”, cierra.
Camaradería y cambios
Los Piojos vuelve a ser número de peso en Cosquín Rock. Cuando el festival comenzó, a principios de 2001, la formación ya era importante e imponía condiciones. Aun en el pedestal, Andrés Ciro Martínez recuerda que practicaba la camaradería: “Era interesante ver a otras bandas, conocerse con otros chicos. Siempre se establece un encuentro con otras bandas. Y en cuanto al público, la diferencia con un show propio está en que la gente llega un poco más cansada. Entonces, hay que pensar algo bien arriba para vencer la incertidumbre”.
La creciente atadura de los festivales rockeros a las marcas patrocinadoras alejó a Los Piojos de Cosquín Rock. ¿Acaso ahora están menos dogmáticos? “Nunca fuimos muy dogmáticos, pero no nos gustaba hacer algo que no queríamos. Hace tantos años que tocamos en el Quilmes… Ya es algo… ¿natural? Antes de eso, no sé si había argumentos para decir ‘Los Piojos se negaron sistemáticamente’. No queríamos firmar con multinacionales que imponían reglas, ni tocar en programas de TV en los que no teníamos garantizadas cuestiones técnicas ni nos gustaba su línea editorial. Nunca fuimos como otros artistas que se negaban a tocar para cervezas y después lo hicieron para gaseosas. No sé si estás al tanto… Nunca fuimos de decir una cosa y hacer otra”, afirma.
–¿Y cuál sería la línea de Los Piojos?
–En la banda, el más interesado en política soy yo, que me considero socialista y nacionalista. Me gusta el pensamiento de Jauretche. Me preocupo por lo general más que por lo individual. Las estrellas de rock priorizan esa cosa de semianarquismo porque dicen estar interesadas por la libertad individual.

Pero el ejercicio del poder parece tenderles trampas al ego. Mirá los políticos.
–No sé si es su ego, o las presiones, o es que realmente el tipo llega adonde llega por una cuestión de que lo tenía todo planeado. Producto de una gran ambición de poder… Su idea es sumar, consolidar poder en lugar de desarrollar proyectos profundos. Su energía está tan puesta en dominar, que se olvida de hacer.–¿Los Piojos tienen todavía un elemento transformador o te resignás a ser una opción del entretenimiento musical?
–A la distancia, veo que hemos contribuido a un cambio. Al analizar las letras, podés darte cuenta de que desenmascaramos la fiesta menemista. A través de tantos shows, tantos discos y tantas letras, hemos sumado nuestro granito de arena. A “cerrá las piernas, te quiero libre del cafishio que gobierna” lo he dicho tantas veces a los gritos, que algo debe de haber quedado. Y está la gente, que te hace saber lo importante que es un ritual para ella. Debe de haber algo catártico que te permite seguir.
–Ser cantante, cara visible, vocero, ¿da derechos extraordinarios, privilegios?
–Hay ciertas cosas que, por personalidad e historia dentro de la banda, puedo decidir. Pero acá todo se discute. Si se me ocurre que tenemos que salir todos disfrazados de pato, seguro que mi propuesta será rechazada. Si planteo cosas ridículas, no serán avaladas por el simple hecho de que son mías. Sí hago la lista de temas, pero siempre la consulto, la debato. Esto es una suma de voluntades, pero soy yo el que está más metido, más preocupado. Es mi personalidad.
Feliz por “Maradó”
Desde que puso su precisa pluma al servicio de Diego Maradona en el arrabalero Maradó, Martínez se convirtió en íntimo del 10. Y ahora confiesa sus emociones tras la primera medida seria de la selección. “Me pone muy feliz. Me gusta que le cierre el o… a tantos forros que lo criticaron. Y por otro lado, es la selección, nos interesa a todos”, revela.
“Su autoridad como futbolista puede afectarlo todo. Nosotros, por ejemplo, estuvimos zapando en la sala con él, cantando y tocando los tambores, y es un tipo de tal intensidad, que no podés hacer las cosas a medias. Se entrega con tanta vehemencia, que no podés ser menos. Supongo que eso, para los jugadores, debe ser alucinante. ¿Que no le fue bien en Mandiyú? Que se dejen de joder”, añade.
Otro grande que Martínez tiene a mano es Manu Chao, ya que el sello de Los Piojos distribuye la obra del francohispano en el país. “No tenemos mucho tiempo compartido, pero. me cae muy bien”, señala.
–¿No considerás estéril su prédica?
Las incomodidades que ha pasado Manu con sus giras, se las bancan muy pocos. ¿Cuánto puede aportar a la revolución latinoamericana? No lo sé, pero, por lo pronto, le lleva alegría a la gente y un mensaje positivo. Yo lo respeto.
Fuente Diario La Voz